Stroke, apoplejía, ataque cerebral, infarto cerebral, isquemia o derrame cerebrales: nombres del ACV

Se estima que en la Argentina se produce un accidente cerebrovascular (ACV) cada 9 minutos y constituye la primera causa de discapacidad permanente en las personas adultas.
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Un accidente cerebro vascular (ACV) significa una lesión cerebral con efectos devastadores para el individuo y su familia. En el país, sucede uno cada 4 minutos, es decir, unos 130 mil casos anuales.

ACV, stroke, apoplejía, ataque cerebral, infarto cerebral, isquemia o derrame cerebrales son algunas de las formas en las que se conoce al accidente cerebro vascular que, en países como los Estados Unidos o de Europa Occidental, ocupa el primer lugar como causa de discapacidad y el tercero como causal de muerte.

Generalmente, el ACV es el resultado de una patología progresiva que se desarrolla a lo largo del tiempo y ocurre cuando las células cerebrales mueren por falta de oxígeno y glucosa debido a un flujo sanguíneo insuficiente. En algunos casos, no hay síntomas pero, en otros, provocan la muerte. Habitualmente, no son fatales, se caracterizan por una porción de tejido cerebral muerto denominado infarto, que conducirá a una discapacidad.

La lesión puede ser una parálisis y/o trastorno sensitivo de una mitad del cuerpo, del lenguaje (afasia), en la coordinación y el equilibrio, en la visión de un ojo o ambos, o un deterioro intelectual. Pueden ser leves, severos y combinados.

Frente a alguno de estos síntomas, hay que consultar con el médico: súbita debilidad o entumecimiento de brazo, pierna o cara, repentino trastorno visual de uno o ambos ojos, imprevisto trastorno en el habla o lenguaje, inesperado dolor de cabeza no habitual o súbita pérdida del equilibrio o la coordinación.

Los factores que incrementan el riesgo de padecer un ACV son varios y aumentan notablemente cuando se combinan. Los más importantes son edad avanzada, hipertensión arterial, enfermedad cardíaca, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo y alcoholismo.

Para comprender el tema, hay que saber que existen 2 categorías: 1) cuando se obstruye una arteria y se impide la circulación sanguínea -isquémico-, 2) aquellos en donde se rompen las paredes de la arteria, la sangre escapa del sistema circulatorio y se produce una hemorragia cerebral -hemorrágico-.

La fibrilación auricular -una frecuente arritmia cardíaca- incrementa de 5 a 10 veces la posibilidad de desarrollar uno y los pacientes tienen una posibilidad entre 3 de padecerlo. El empleo de aspirina reduce su chance en 80 por ciento.

La aterosclerosis de una arteria carótida que estrecha su luz entre 70 y 99%, acompañada por episodios isquémicos transitorios o mínimos, mejora su pronóstico mediante la cirugía.

El ACV isquémico transitorio dura menos de 24 horas, no deja secuelas y es un claro aviso de riesgo inminente de uno definitivo. Uno de cada tres pacientes sufrirá un ACV transitorio nuevo, mientras que uno cada tres será definitivo y, curiosamente, una cifra aún mayor de un infarto cardíaco. A diferencia de lo que sucede frente al hecho consumado de un ACV severo, en el transitorio el episodio es evitable.

Es importante actuar sobre los factores de riesgo y emplear fármacos para evitar la formación de trombos (aspirina, clopidogrel, trombolíticos y anticoagulantes) pueden salvar al paciente.

Un rápido repaso: cuatro son las arterias que irrigan el cerebro, el cerebelo y el tronco encefálico. El sistema está dispuesto de manera tal que estos vasos se unen debajo del cerebro en un anillo y de allí parten 6 arterias más grandes y un sinnúmero de otras más pequeñas. Por lo tanto, si falla una de las 4 mencionadas, las otras suplen su disminución.

El organismo tiene 86 mil millones de neuronas y 350 trillones de sinapsis (conexiones neuronales). El cerebro recibe el 15% de toda la circulación sanguínea y consume el 25% del oxígeno de la sangre.

Una arteria puede taparse debido a su desgaste y endurecimiento por placas de colesterol, es decir, su superficie interna es rugosa y áspera. Esto favorecerá la formación local de un cúmulo de partículas sanguíneas y fibras -trombo-, que terminará por ocluirla y generar una trombosis. A veces, los trombos se desprenden arrastrados por la corriente sanguínea y llegan a las pequeñas arterias cerebrales, en donde se enclavan bruscamente y obstruyen la circulación para generar una embolia.

Mas del 80% de los casos en occidente corresponden a ACV isquémicos, trombóticos o embólicos, mientras que menos del 20% restante son hemorrágicos.

Por Alejandro Andersson, médico neurólogo, director del Instituto de Neurología Buenos Aires.

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